El Consejo Técnico del IMSS subió su oferta salarial a 8%: 4% al salario tabular y otro 4% a ayuda para renta, además de la basificación de 10 mil 939 trabajadores. En el papel es un avance frente a la propuesta anterior, que los propios trabajadores rechazaron y que obligó a volver a la mesa. Para la dirigencia sindical, el expediente está cerrado.
Su secretario general, Rafael Olivos, sostiene que el incremento "se ajusta muy por arriba de la inflación", que el proceso quedó finiquitado y que la propuesta no se consultará a las bases. También afirma que fue elegido mediante un proceso democrático y que "todas las expresiones son válidas". Hasta aquí, los hechos y las posturas de una de las partes.
Lo que sigue es lectura. Cerrar una negociación sin preguntar a quienes recibirán el aumento puede ser expedito, pero es políticamente frágil. Un acuerdo vale tanto como la legitimidad de quien lo firma, y esa legitimidad es justo lo que hoy se discute. Que el líder diga que nadie puede ser sancionado por criticar es una buena señal; no sustituye una consulta.
Del otro lado, trabajadores disidentes piden 10% y rechazan lo ofrecido. Su vocero, Rafael Soto, acusa que se están maquillando las cifras: "Otra vez es jugar con los números". Anuncian una megamarcha nacional el 30 de octubre, aseguran que se movilizarán en otros estados y que van a parar el país, y convocan a una asamblea constitutiva el 31 para recuperar el sindicato. Son sus palabras; el alcance real de esa jornada está por confirmarse.
Tampoco es un reclamo nuevo ni solo de dinero. Los trabajadores ya salieron a marchar del Centro Médico Siglo XXI rumbo a Palacio Nacional para exigir aumento salarial, pero también medicamentos e insumos médicos. Esa combinación sugiere que el porcentaje es el síntoma visible de un malestar más amplio sobre las condiciones en que se atiende a los derechohabientes.
Por eso importa lo que el instituto prevé en paralelo: ampliar la vigencia de la receta de 72 horas a 30 días y programar más cirugías en turnos nocturnos y de fin de semana. Si se concretan, tocarían directamente a millones de usuarios. Pero dependen de personal de salud que hoy está en tensión con su propia dirigencia, y ninguna reforma de procesos funciona bien con un gremio dividido.
Olivos hizo un llamado a la unidad y dijo estar dispuesto a mantener el diálogo. Es la frase correcta, pero tiene una condición implícita: que el diálogo incluya a quienes no están sentados en la mesa. Si el 30 de octubre las calles dicen una cosa y la firma dice otra, el 8% será lo de menos. La pregunta que quedará abierta es si una dirigencia puede dar por terminado un conflicto que una parte de sus representados considera apenas empezado.






