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La pregunta de Mexicali: qué significa estar vinculada a proceso y seguir en libertad

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Hay preguntas que se vuelven virales porque incomodan. "Si yo hubiera sido el agresor, ¿estaría libre como ella está libre hoy?" es la que lanzó Luis Corona Wong, vecino de Mexicali, en un video donde relata tres presuntos ataques de su expareja, Laura Guadalupe "N", nutrióloga. La pregunta ha dividido a las redes entre quienes ven un caso de violencia de pareja contra hombres y quienes piden analizarlo con perspectiva de género.

Conviene separar lo que se sabe de lo que se cuenta. Casi todo el relato proviene del propio denunciante: el 22 de julio, daños a la pluma de acceso y a la puerta de su casa; un mes después, un vidrio roto y una agresión en su lugar de trabajo. Sobre el objeto usado en el primer hecho hay versiones distintas. Lo que tiene respaldo oficial es el 4 de octubre: según el informe policial, el reporte llegó al C5 alrededor de las 14:23 horas y ella fue detenida tras presuntamente seguir el auto de él y chocarlo de forma intencional en calzada Cetys y calle Novena, colonia Compuertas.

Después vino la audiencia. Un juez de control la vinculó a proceso por daño en propiedad ajena y violencia familiar equiparada, y fijó medidas cautelares: no acercarse a él ni molestarlo, incluso por llamadas o mensajes, y no ir a su domicilio. La investigación complementaria durará tres meses, hasta el 11 de enero de 2027.

Aquí empieza el análisis, y es interpretación, no dato. Vincular a proceso no es sentenciar: significa que el caso continúa y que la investigación seguirá reuniendo pruebas. Mientras tanto, la persona imputada conserva la presunción de inocencia, y llevar el proceso en libertad con restricciones es una posibilidad dentro de ese esquema. Las medidas cautelares no son un castigo; buscan proteger a quien denuncia mientras el caso avanza.

Eso no vuelve ilegítima la inquietud del denunciante. Quien ha vivido tres episodios que considera agresiones y sabe que la persona señalada está en la calle, con una orden de alejamiento como única barrera, puede sentir que la protección es frágil. La indignación nace de esa distancia entre lo que él percibe y lo que el proceso ofrece en esta etapa.

Lo que no puede afirmarse con lo que hay es que el trato haya sido distinto por ser ella mujer y él hombre. Responder "si yo fuera el agresor" exigiría comparar casos con los mismos hechos y las mismas pruebas, y aquí no hay datos para hacerlo. Tampoco se conoce postura pública de la Fiscalía, del Poder Judicial ni de la defensa de ella, lo que deja el debate cargado de una sola voz.

Hay un riesgo doble. Por un lado, convertir un expediente abierto en juicio de redes, con una persona nombrada y condenada antes de que un tribunal la escuche. Por otro, descartar la denuncia de un hombre por serlo, cuando la violencia dentro de una relación merece ser tomada en serio sin importar quién la reciba.

El caso dejará su respuesta en las próximas semanas, no en los comentarios. Si las medidas se respetan, el debate perderá fuerza. Si no, será la autoridad quien tenga que explicar con hechos qué sigue. Mientras tanto, la pregunta de Corona Wong sobre un cuarto incidente sigue sin respuesta pública, y esa es la que más conviene que las instituciones atiendan.

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