Ángela Karime Venegas Hernández estudia en el CETis 78 de Altamira, Tamaulipas, una escuela técnica pública de nivel medio superior. Esta semana su nombre pasó de las redes de su escuela a la conferencia matutina de la presidenta: ganó medalla de oro en la feria internacional de ciencia e invenciones ISIF, en Indonesia, con Vortex Tech, un extintor acústico. Claudia Sheinbaum la felicitó este 22 de octubre y dijo que la Secretaría de Ciencia y Tecnología ya la contactó.
Conviene decir con precisión qué es y qué no es el invento. El dispositivo usa una frecuencia baja, de unos 30 hertz, que una bocina convierte en ondas acústicas; una cubeta modificada funciona como cañón y empuja ese pulso para formar anillos vórtice, una especie de dona de aire turbulento que desplaza el oxígeno que alimenta la llama. Es un prototipo experimental, el quinto en cerca de un año de trabajo, probado con llamas pequeñas, como la de una vela, en condiciones controladas. No sustituye a los extintores certificados ni debe leerse como una solución para incendios en general.
Esa aclaración no le quita mérito; se lo da. La propia estudiante explicó que el objetivo inicial era demostrar que el principio físico podía apagar una vela, y que el primer prototipo tardó dos meses en lograrlo, y con dificultad. Lo que hay detrás del oro es método: prueba, error, ajuste y paciencia, junto con su asesor y tío, José Arturo Hernández Muñoz, a quien ella atribuye buena parte de los resultados.
Hay también un contraste que no debería perderse. Se habla de que compitió entre unas 110 propuestas de 25 países y que además recibió el reconocimiento IYSA Semi Grand Award, que le abre la puerta a un encuentro científico internacional en línea. Sin embargo, ella misma dijo que hasta ahora no había tenido acercamiento de los sectores público ni privado, salvo apoyos económicos locales, entre ellos de la Secretaría de Educación de Tamaulipas, para presentarse en ferias. Eso es previo o simultáneo al anuncio de la presidenta.
Aquí empieza la parte de interpretación. El reconocimiento presidencial y el contacto con la Secretaría de Ciencia son una buena señal, pero por ahora son una declaración, no un programa. Hasta el momento no hay reportes de un apoyo, convenio o financiamiento federal concreto. La diferencia importa: un aplauso no paga materiales, pruebas ni viajes, y validar un prototipo así exige más investigación antes de pensar en usos fuera de un entorno controlado.
La historia también desmonta una idea cómoda: que el talento científico vive solo en las grandes ciudades o en instituciones de élite. Este proyecto nació de un video, se armó con una batería, un generador de frecuencias, bocinas y una cubeta, y creció en una escuela técnica de Tamaulipas. Ella aún no decide si estudiará electrónica o mecatrónica, aunque lo más probable, dice, es que vaya por una ingeniería.
La prueba de que el país valora este talento no será la felicitación del jueves, sino lo que ocurra en los próximos meses: si la Secretaría de Ciencia convierte el contacto en acompañamiento real, y si otros jóvenes con proyectos igual de ingeniosos encuentran la puerta abierta antes de tener que ganar una medalla en el extranjero. Ángela ya hizo su parte.






