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Parque España: la urgencia de proteger sin adelantar culpables

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Un paseo con una mascota no tendría que terminar en una emergencia veterinaria. En el Parque España, en la colonia Condesa de la Ciudad de México, varios perros presentaron malestares después de recorrer el lugar y algunos murieron. La Fiscalía capitalina abrió una investigación por maltrato o crueldad contra animales no humanos. El caso exige respuestas, pero también precisión: todavía hay diferencias sobre el número de animales fallecidos y preguntas abiertas sobre la causa.

La información inicial de la Fiscalía señala dos muertes por posible intoxicación. Hay versiones posteriores que hablan de al menos tres. Esa diferencia no puede resolverse eligiendo la cifra más impactante ni presentando una como definitiva sin aclaración. Cada animal importa y, precisamente por eso, hace falta establecer un balance verificable que distinga fallecimientos, animales atendidos y casos cuya relación con el parque esté confirmada.

Uno de los indicios más relevantes es el hallazgo de un trozo de longaniza con una píldora azul durante un recorrido policial. Es un elemento que debe investigarse, no una explicación terminada. Su presencia no demuestra por sí sola qué sustancia contenía, si provocó los malestares o quién lo dejó ahí. Hablar de posible envenenamiento describe la hipótesis; afirmar una intención o señalar responsables sin pruebas la convierte indebidamente en sentencia.

Las autoridades revisan cámaras de videovigilancia y recaban testimonios. La alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, acudió con vecinos para revisar grabaciones y aportar información a la Fiscalía. Esa colaboración puede ayudar a reconstruir lo ocurrido. Su valor dependerá de lo que permita acreditar, no solamente de la visibilidad de los recorridos o de las declaraciones públicas.

También importa separar los distintos momentos de la información. Hasta la comunicación oficial del 27 de octubre no se habían anunciado personas identificadas o detenidas como responsables. El 28 de octubre se daba cuenta de un cierre parcial del parque. Ninguno de esos datos debe presentarse como una condición permanente: quienes utilizan el espacio necesitan conocer su situación actual, las restricciones vigentes y los resultados disponibles sobre la sustancia encontrada.

La incertidumbre tiene una consecuencia concreta: dificulta decidir cómo usar un espacio cotidiano. Para las personas cuyas mascotas enfermaron o murieron, además, hay una pérdida que no puede reducirse a una cifra en disputa. Una comunicación pública útil tendría que reconocer ese daño y explicar qué está confirmado, qué se analiza y qué información falta, sin ofrecer tranquilidad infundada ni multiplicar el miedo.

La exigencia de justicia es legítima. Precisamente por ello, necesita una investigación capaz de sostener sus conclusiones. Proteger a los animales y respetar la evidencia no son tareas opuestas. El resultado que importa no es encontrar rápidamente a alguien a quien culpar, sino esclarecer qué ocurrió y ofrecer condiciones verificables de seguridad para volver a pasear.