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Pedro Linares: el sueño no explica todo el trabajo detrás de los alebrijes

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La historia de Pedro Linares López tiene una imagen difícil de olvidar: criaturas imposibles que, durante un sueño, gritaban una palabra hasta entonces extraña: alebrijes. Así lo contaba el artesano cartonero de la Ciudad de México. El relato resulta fascinante, pero quedarse únicamente con la pesadilla deja fuera algo igualmente importante: las manos que pudieron convertir aquella experiencia en figuras de papel.

Linares es reconocido como creador de los alebrijes, seres que combinan características de distintos animales. Antes de darles forma, ya tenía un oficio. Había aprendido de su padre a elaborar Judas, calaveras y piñatas. Su imaginación no trabajó en el vacío: encontró herramientas en una tradición familiar, en el conocimiento de los materiales y en la práctica de construir volúmenes.

Conviene distinguir los planos. La enfermedad y las criaturas pertenecen al relato que Linares hizo de su experiencia, no a un episodio corroborado de manera independiente. Además, existen versiones distintas sobre la cronología de ese origen. No hace falta fijar un año ni imaginar una creación inmediata después de su recuperación para reconocer el valor de su obra. La incertidumbre histórica no disminuye la fuerza de las piezas.

Su nieto David ofrece otra clave para entenderlas: cuenta que su abuelo quiso materializar aquellas visiones para librarse de un sueño que lo atormentaba. Es una explicación familiar que añade una dimensión íntima. Desde esa perspectiva, el alebrije no aparece primero como mercancía ni como emblema cultural, sino como una manera de dar forma a algo que había dejado una huella personal.

La lectura que propongo es sencilla: celebrar la inspiración no debería borrar el trabajo. El papel, el engrudo, las estructuras y la pintura no se organizan solos. Presentar estas figuras únicamente como resultado de una revelación puede volver invisible el saber artesanal que las sostiene. La sorpresa está en las criaturas, sí, pero también en la capacidad de construirlas.

Esa continuidad aparece en las palabras de Gerardo Linares Gómez, bisnieto del creador, quien defiende innovar sin perder el trazo, el volumen y la esencia heredados. Su postura permite pensar la tradición como una responsabilidad creativa, no como una orden de repetir. Conservar un legado también puede significar observar otras formas, desarrollar ideas propias y mantener el cuidado del proceso.

El desfile de alebrijes monumentales realizado el 17 de octubre de 2026 en la Ciudad de México ofrece una conexión contemporánea con esa historia. La exhibición posterior en Paseo de la Reforma fue anunciada hasta el 8 de noviembre. Más allá del calendario, estas figuras permiten preguntarnos qué vemos cuando admiramos el arte popular: solamente un objeto espectacular o también el conocimiento que lo hace posible.

Recordar a Pedro Linares exige espacio para ambas cosas: el relato extraordinario y el oficio concreto. El sueño explica cómo él narraba su inspiración. La cartonería permite entender cómo esa imaginación pudo compartirse y convertirse en una herencia.