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De la ayuda al saqueo: México y su eterna historia con la rapiña tras cada desastre

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Inundaciones, huracanes, accidentes carreteros o simples oportunidades… México repite una escena que se ha vuelto costumbre: la rapiña. Entre necesidad, caos y desesperación, una delgada línea separa la sobrevivencia del abuso.

Tras las recientes inundaciones en Poza Rica, Veracruz, cientos de personas entraron a tiendas y supermercados para llevarse víveres, electrodomésticos y todo lo que quedara a su alcance. Los videos circularon rápidamente en redes: bolsas, carritos, incluso refrigeradores siendo arrastrados por las calles anegadas.

La escena recordó lo ocurrido en Acapulco tras el paso del huracán Otis, cuando el puerto se hundió en caos. En cuestión de horas, los comercios fueron saqueados y la desesperación se convirtió en furia. Los damnificados clamaban ayuda, pero la ayuda nunca llegó a tiempo.

En las carreteras, el fenómeno adopta otra forma. En la vía México-Tulancingo, un tráiler cargado con cerveza volcó, y en lugar de auxilio, lo que hubo fue rapiña. Decenas corrieron a “rescatar” las latas como si fueran tesoros. Días después, en San Luis Potosí, otro camión —esta vez con cerdos— terminó volcado, y los vecinos bajaron corriendo a llevarse los animales entre risas y gritos.

En Chihuahua, la historia se repitió: un accidente más, otra multitud dispuesta a convertir la desgracia en oportunidad.

Pero no todos los saqueos terminan en video viral o con memes. Algunos acaban en tragedia. En Tlahuelilpan, Hidalgo, en 2019, cientos intentaron recolectar gasolina de un ducto perforado ilegalmente. La explosión cobró la vida de 137 personas, dejando una cicatriz imborrable en la memoria del país.

La rapiña ya no es una reacción aislada; es un síntoma. Refleja el abandono, la desigualdad y la desesperanza. México parece atrapado en un ciclo donde cada tragedia revela no solo la fuerza de la naturaleza, sino la fractura de una sociedad que, entre hambre y oportunidad, confunde necesidad con saqueo. Y como lo demostró Hidalgo, a veces, la rapiña no solo roba… también mata.

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