La discusión en la Suprema Corte sobre la UIF y Ricardo Salinas Pliego no solo vuelve a encender un pleito entre poder económico y poder político. También abre una pregunta más profunda sobre hasta dónde puede llegar el Estado antes de que una revisión financiera ya deba considerarse una afectación real.
La Casa Blanca aseguró que la llegada de un petrolero ruso a Cuba no cambia la política de sanciones, pero admitió que decidirá “caso por caso” si deja entrar más barcos con crudo. La isla, en crisis energética, vuelve a depender de excepciones: oxígeno con correa.
Volaris y Viva crecieron vendiéndose como la alternativa barata del mercado. Hoy, juntas, ya no parecen las pequeñas rebeldes del sector, sino el nuevo gigante que podría redefinir quién manda en los cielos mexicanos.
El aseguramiento de mercancía apócrifa en Tepito presume músculo institucional rumbo al Mundial 2026, pero también exhibe una realidad incómoda: la piratería no sobrevive por sorpresa, sino porque existe una economía entera que la tolera, la consume y la deja crecer.
La reacción de Wall Street y los anuncios de Donald Trump tras los acontecimientos en Venezuela revelan que el negocio energético ya se mueve antes de que exista estabilidad real en el país.
La Secretaría de Hacienda inició 2026 con una emisión de deuda externa por 9 mil millones de dólares. La decisión busca fortalecer liquidez y cubrir compromisos, pero también revela la dependencia creciente del endeudamiento para sostener la estabilidad financiera del país.
El Gobierno anuncia el cobro de 51 mil millones en enero de 2026, pero el debate crece porque los montos se mueven y la definición queda “para después”.
Mientras Pemex enfrenta pérdidas y menor ingreso al país, una filial creada como sociedad privada maneja envíos millonarios de combustible a Cuba sin rendir cuentas claras sobre pagos, subsidios ni destino de los recursos.
Citi vendió 25% de Banamex a una empresa de Fernando Chico Pardo y su familia. Él asume la presidencia del Consejo y el banco suma capital mexicano en su control.
Disney permitirá que más de 200 de sus personajes aparezcan en herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT y Sora. El acuerdo marca un giro estratégico: la creatividad digital se cruza con el control corporativo y redefine quién puede contar historias en la era de la IA.